
El fenómeno Dan Brown ya está instalado nuevamente en España y llega con la intención de superar los índices de venta de su predecesor, El Código da Vinci. La edición de El símbolo perdido arrasó ayer en las librerías canarias y los seguidores del escritor norteamericano (muchos de los cuales ya habían reservado un ejemplar desde hacía meses), acudieron ansiosos desde primera hora de la mañana a su librería habitual para adquirir un ejemplar del thriller psicológico.
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Cuando no está inspirado, Dan Brown se calza sus botas antigravedad y se cuelga del techo como un murciélago. Asegura que en esa postura la sangre le bombea ideas frescas a la cabeza y le cambia, además, la perspectiva, algo esencial para resolver los numerosos nudos de sus barrocas tramas. Ha debido de estar boca abajo mucho tiempo en los últimos seis años, los que ha tardado en escribir su última novela, El símbolo perdido (Planeta), pero seguramente le habrá valido la pena, pues se vendieron un millón de ejemplares de la edición inglesa en su primer día en las librerías.
(...)
XL. ¿Habrían sido posibles sus novelas sin su padre? Organizaba en casa juegos de buscar el tesoro...
D.B. Probablemente, no. Mis novelas son una gran búsqueda del tesoro y, de niños, nos lo pasábamos de fábula resolviendo enigmas ocultos.
XL. Incluso el pequeño Exeter tiene ese misterio de hermandades secretas y logias masónicas que tan importante papel desempeñan en su libro.
D.B. Sí, la logia estaba sobre el cine de la ciudad. Tenía ese extraño símbolo y las cortinas siempre echadas, nunca me permitieron subir. Veíamos entrar a la gente, pero nadie sabía qué hacían allí arriba. Aquello siempre me fascinó.
XL. ¿Hasta hoy?
D.B. Sí. He dedicado seis años a investigar su mundo.
XL. ¿Consiguió acceso a los masones?
D.B. Sí. Hablaban de sus creencias, pero no de sus rituales secretos.
XL. ¿Rituales de sangre? ¿Plegarias misteriosas?
D.B. Son secretos. Tuve que indagar en otros sitios.
(...)
XL. ¿Dónde escribirá?
D.B. En mi nueva novela hay un cuadro que deambula por la casa. Yo tengo ese cuadro. Se moverá por una pequeña habitación en Langdonia. Quizá escriba allí. Nunca he escrito en una casa.
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