
Su vida es tan enigmática como los galimatías a los que se enfrenta el profesor Langdon, el personaje de ficción que le ha dado fama. Reservado y misterioso, el escritor Dan Brown ha conseguido descolocar a los medios de comunicación, a sus admiradores, a los indiferentes e incluso a sus más queridos detractores. Superó los 81 millones de copias vendidas con «El Código da Vinci» y no se escapa, ni queriendo, de la sombra de las críticas, las cuales parecen causarle la más absoluta indiferencia.
Esta semana Brown se encuentra de nuevo en el punto de mira de todos ellos debido a la presentación en España y Latinoamérica de su última y esperada novela, «El símbolo perdido», amada por muchos y odiada por otros tantos. Sea como fuere, el escritor es por hecho y por derecho uno de los más leídos del mundo.
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Ahogado en una imponente suma de dinero, la que le reportó la venta de «El Código da Vinci» y los derechos de autor de la consiguiente película (250 millones de dólares), Brown continúa viviendo en su pequeño pueblo de Exeter (New Hamspire) a unos 500 kilómetros al norte de Nueva York. A día de hoy se levanta a las cuatro de la mañana, escribe con un reloj de arena que le marca las pausas para hacer flexiones y juega al tenis todas las tardes. Además, si se enfrenta a una página en blanco de la que no puede salir, se cuelga boca abajo con unas botas especiales en lo que denomina «terapia de inversión».
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Primogénito de tres hermanos, Dan Brown nació en 1964 en el seno de una familia aficionada al mundo de los códigos y enigmas. Con el tiempo, Brown logró hacer de su vida uno de ellos. La sombra de la duda sobre su estancia en la Universidad de Sevilla planeó mucho tiempo sobre su cabeza. Ahora, rescatada del «baúl de los recuerdos», regresa al presente una fotografía en la ciudad andaluza que el escritor envió a su familia gijonesa. Por el reverso escribe: «Estudiando en Sevilla y aprendiendo un idioma (...)». Las piezas del puzzle vuelven a encajar en la vida de Brown.
Pero todavía quedan misterios sin resolver. ¿Escribió «El Código da Vinci» junto a su mujer?, juntos trabajaron en la documentación, tanto que son muchos los que la señalan como coautora de la novela. Los símbolos masónicos, anagramas, crucigramas y puzzles, con los que el americano adereza sus textos, también pasarán a formar parte de la casa que se está construyendo en Exeter, aunque confiesa que «ninguno de mis invitados podrá averiguar los significados que se ocultan tras las paredes». Pese a todo lo que se dice o se escribe, Brown nunca se dejó amedrentar por las leyendas alrededor de su vida. Encerrado sin conexión a internet ni entretenimientos que lo puedan distraer a la hora de escribir, ha ido cosechando tecla a tecla éxitos imparables. En su cabeza fluyen futuras historias con cientos de secretos, que «nunca desvelaré», ironiza con sonrisa torcida. Para muchos el misterio seguirá oculto en su propia vida.
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En Estados Unidos su nueva obra, El símbolo perdido, superó el millón de ejemplares vendidos el mismo día en que llegó a las librerías y en nuestro país también va camino de convertirse en un auténtico boom. En tan sólo cuatro días, en España, se ha colocado a la cabeza de los best sellers. Parece que los fans de Dan Brown lo esperaban como todo un acontecimiento. En países como Portugal, Inglaterra o Alemania las aventuras del profesor Langdon también son un éxito de ventas.
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